El click del campesino

septiembre 10, 2009

El periodista no debe ir adonde va.

Filed under: Uncategorized — Dayán García La O @ 4:47 pm

Corría el mes de marzo del 2004. El primer año de Periodismo nos daba laposibilidad de “jugar” con la creación en la asignatura Géneros de Opinión, que en aquel entonces contaba la con la bienaventurada profesora Shelly Mayán.

Retozábamos con la crónica: ¡ese jíbaro!, a decir de Rolando Pérez Betancourt en un librito encontrado en una librería, y ya digerido, por eso de “ir con conocimientos previos a las clases”.

Era una mañana cualquiera y la citada educadora en aras de demostrarnos la premura de nuestro oficio, nos dio media hora para salir a la calle a buscar un tema que resultara un intento de crónica. ¡Ilusa! O ¡Ilusos los aportes salidos de esta hazaña! Entonces, desubicado, me senté en el portal a ver a mis compañeros partir a la batalla. Pensé rápidamente en motivos en este Vedado para poder “volar” y “hacer literatura” (eso pensábamos la mayoría de los bisoños).

Ya había perdido más de cinco minutos cuando me vino a la mente un lugar cercano que gozaba de mucha reputación entre los intelectualitos de la Facultad: Elconvento (de) San Juan de Letrán. Soñé por un minuto con los hábitos de las monjas, con la extraña energía que brota de cada planta o cada sillón en sus pasillos, con la total tranquilidad de su biblioteca, y me dije,: “esto es lo tuyo”.

Ya en camino, cuando me disponía a atravesar el parque Guajiro o Víctor Hugo en la intersección de 21 y H, veo un pelotón de ancianos, quienes engrasaban la “caja de bolas” con los necesarios ejercicios, pero muy cerca, refugiada detrás del tronco de un árbol descubro a una señora con un bastón en la mano repitiendo, cual fiel espejo, todos los ejercicios que hacían los demás. Me desvié y me senté en el banco más cercano, espiando cada movimiento, cada mirada.

Cuando terminan la abuela pasa por mi lado, “buenos días, hace un rato que la estoy observando, ¿por qué no se une a los demás?” “Mira mi niño, ahí nadie lleva bastón, y no quiero ser la única, yo estoy vinculada al grupo pero a la hora de los ejercicios me reservo este lugar alejado porque me da mucha pena.” Eran setenta y siete los años de mi interlocutora, y se puso a contarme de los casi treinta que fue cuidadora del parque en el que conversábamos, de las matas de mamoncillo que dejaron de existir años atrás, de la leyenda de los niños y el pozo, en fin, a los veinte minutos estaba con mi lápiz, solo, escribiendo las cosas que sentía, recordando a mi abuela que en mi natal Itabo sufre problemas de circulación sin tener una opción como esta.

A la media hora estaba ya en clases leyendo mi ejercicio. Era mi primeracrónica (o al menos un familiar cercano). Solo días después recordé lo delconvento, ¿no era ese mi tema de crónica? Nada, que a veces lo que se buscaestá más cerca de lo que creemos. Amén.

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