El click del campesino

Diciembre 3, 2009

Por un bate me quedé sin aplausos

Archivado en: Cuba — Dayán García La O @ 11:41 pm

El béisbol… me había prometido no hablar de pelota en mi blog por aquello de que soy un estrella beisbolera frustrada y perdida en el Periodismo, pero, hoy precisamente viví una película de ciencia ficción. Está en la sazón la Serie Nacional, el bateo sorprendente de muchos, o lo que es lo mismo, la mala calidad de los pitcheres, digo de todo el conjunto.

Pues la liga universitaria iba a contar con mis modestos esfuerzos, los acostumbrados Pre Caribes de la Universidad de La Habana empezaban y la Facultad de Comunicación me contrató para jugar el campo corto. Primer juego, Química el rival y me llevé tamaña impresión en mi primer turno al bate. El instrumento para golpear la bola estaba totalmente partido, tomo otro de un costado, el análisis dio el mismo resultado: LA MADERA PARTIDA.

Protesté antes de darme cuenta de donde estaba. - Árbitro una astilla me va a caer en un ojo, o al catcher. ¡qué falta de respeto!. Al fin jugamos. “Era preferible poncharse”, dije a mi equipo después de tres strike. Ganamos, ellos jugaron peor que nosotros. Hoy era el segundo juego contra Artes y Letras, todos en el estadio y el profe suspendió el torneo por falta de bates, o sea, de bate, era necesario uno solo, de aluminio (casi eterno), de esos que ya no se usan en la primera categoría cubana, y que andan por ahí por las calles de mano en mano.

El mismo sueño...

El mismo sueño...

¿Cómo es posible que en la Universidad de La Habana no haya un bate para jugar pelota? ¿Cómo empezar un torneo sin las condiciones? Duele pensar en eso y darse cuenta de que el béisbol, deporte nacional, está tan olvidado en un contexto tan importante como la Universidad. La Pelota es un show aunque no ganemos nada o los marineros-peloteros aumenten por día, o la calidad de la pelota vaya cada día “in bachando”.

Pero no me parece que la crisis, los segundos lugares, las deserciones y todo lo demás, tengan que ver con que un elemento de aluminio cilindrado no apareciera hoy en el terreno, para que el público, tranquilo, pudiera regalarme una andanada de aplausos. Simplemente: ¡OUT! Y ¡FUERA DEL JUEGO! Hay que coger el bate por el mango…. cuando aparezca.

Noviembre 27, 2009

El kilo no tiene vuelto, el peso roto y el transporte público

Archivado en: Cuba — Dayán García La O @ 1:28 am

La frase popular  se repite en canciones y bromas, el kilo no tiene vuelto, y en la realidad cubana actual se percibe con ciertas variaciones: “el peso no tiene vuelto”. La era ultramoderna de ómnibus articulados en el transporte urbano trajo consigo el síndrome de lo que ahora se llama, falta de conciencia colectiva. Simplemente las alcancías empotradas a las guaguas pasan lejos de la mirada, las pesetas o el “caña” de los usuarios, a pesar del, a veces desagradable, pero justo reclamo del chofer.

La prensa en Cuba ha llamado a la conciencia ciudadana y su único motivo es la recaudación, que los pasajeros paguen, que no rompan billetes, sin hacer un análisis específico de por qué suceden esas cosas. Nuestros medios de comunicación solo trataron y tratan el hecho de que la mitad de los que montaban en las guaguas no pagan.

 

¿Dónde queda el punto de que el 40 por ciento que sí paga lo hace 2,5 veces por encima? El mal del peso.

 

El otro día cuando un P4 unía el lugar donde vivo y  la oficina fui testigo de una discusión singular. Un señor de unos 60 años fue increpado por el conductor:

 

-Oiga señor, mire a su derecha, aquí está la alcancía- no recibió respuesta.

 

Después de repetida la escena el señor dijo sereno:

 

-Niño, yo tengo mi conciencia tranquila. Ya pagué esta guagua porque eché un peso en el P7 y  voy dejando 20 centavos de propina.

 

¡Interesante!, pensé. Pero tampoco creo que sea la solución. El hecho  es que para llegar de mi Alamar no tomo el camello, no quiero gastar demasiado tiempo en un trayecto descolorido entre solares verticales. Hago una combinación y eso me lleva a gastar dos pesos en la ida, y dos en la vuelta. A ese ritmo entonces gasto cuatro pesos diarios,  o sea, en un mes destino casi el 30 por ciento de mi salario a esta actividad, cuando realmente  a 40 centavos ligeramente sobrepasaría el 10 por ciento.

No quiero en este post hablar de horarios,  atrasos, carreras de articulados, combustible, ni nada de las tantas aristas que tiene el transporte en Cuba. Solo opino que el menudo para la guagua, o sea, dos pesetas u ocho medios, se han convertido en el aliciente de una paradoja, o pagas el peso y dejas más de la mitad, o no pagas y olvidas tu deber ciudadano.

Olvido el caso del peso de papel roto envuelto entre los dedos con el único fin de ser un billete menos circulando por las calles. No le veo fin y, mientras tanto, las monedas amarillas se quedan en la parte derecha de la entrada del bus. Prefiero, no al anciano del P4, no al chofer que deja en su bolsillo buena parte de la recaudación, no al que no paga… entonces, ¿con quien me quedo? ¿Pues con mi salario y lo poco que puedo hacer con él? ¿Pagar guaguas clasifica en ese poco?, y ¡YA! Que eso es harina de otro costal, digo, de otro post.

 

Noviembre 23, 2009

Apuntes para un viaje III

Archivado en: Cuba — Dayán García La O @ 5:17 pm

A Bayamo…. ¡Y no en coche!

6 de agosto. Carnavales en Bayamo, el motivo perfecto para que la School Bus enfrentara un viaje interprovincial. La carretera que une la capital provincial de Granma y Holguín parecía trazada con una regla gigante. La línea de asfalto cruza perpendicularmente en el Municipio Cauto Cristo sobre el río más largo de Cuba, alcancé a tomar una foto.

En el camino vi vacas, caballos, baches como las trincheras del amigo Charly, pastos para el ganado llenos de marabú, puebluchos que semejaban mi natal Itabo por el color gris y la desolación, guajiros a caballo, guajiros encima de la school bus ( entre estos últimos me incluyo).

Esta era la segunda jornada del plan vacacional, los miembros votaron en su mayoría por un día en la ciudad de ¿los coches? y las ¡mujeres bonitas! Y yo ni corto ni perezoso me sumé a la ola que pregonaba un inolvidable día en el Chapuzón (en su momento les cuento de este lugar).

El boulevard de Bayamo siempre me atrapa. Ya lo conocía, pero no puedo resistir su hipnótico encanto. Mezcla perfecta de la cultura tradicional y los desafíos de la era moderna. ¿Una histórica ciudad perdida en la geografía cubana?

Bayamo merece la visita de todo cubano. Quedarán como yo, atónitos ante la calidad de las ofertas gastronómicas, los precios, la belleza femenina y otros aspectos.

Un hecho inusual fue que los barrenderos llamaran “Lazarito” al primer secretario del partido provincial, lo que demostraba un elevado nivel de cercanía e identificación, y se reflejaba en la impecable limpieza (al menos en la céntrica zona).

El parque Carlos Manuel de Céspedes encandila. Cada tres horas los trabajadores bañan de brillo las losas del piso. De roble en roble graznan los negros judíos, los gorriones prefieren el colonial techo de la cremería (apunto: el helado para el pueblo más rico de Cuba), frente a ella. una tarja señala el lugar donde los habitantes iniciaron el histórico incendio de la ciudad. Hermosas muchachas pasean uniformadas vendiendo un rico café. La radio local se escucha a través de aparatos dispuestos por todo el parque.
Carnavales. Llovía cerveza y lechón asado. A unas cuadras de todo el boulevard, o sea, en la vía consiguiente y paralela. Como en todas las fiestas populares el fenómeno se generaliza. No abrieron los museos, a pesar de ser jueves, y me quedé con la ganas de disfrutar de las magníficas esculturas de cera. En esa ocasión, por más que busqué, no encontré el venerado Pru Oriental, uno de los motivos principales del viaje.

La decoración del lugar resalta entre las acuarelas gigantes que abrazan a los postes del tendido eléctrico, los bancos de disímiles formas, el trabajo del piso, las plantas verdes aún, después de 3 años.

El chapuzón. ¡Qué lugar! El río de igual nombre que la ciudad, fue alterado en su cercanía a la urbe, represado, para ser más exacto, sin que esto obstruya su paso saludable hasta el mar. Era el verano y aquello estaba a punto de explotar. Asomaban camiones con chapas de todas las provincias orientales, en ambas riberas las sombrillas de guano, el local para alquilar botes y bicicletas acuáticas, los quioscos con todo lo que necesita un cubano, y el ceremillar (término muy utilizado en el campo para demostrar abundancia) de gente de aquí pa llá, y de llá pa cá.

Lamentablemente fui solo a ese lugar y dejé el celular-cámara en el bus, pero alcancé una foto en Internet. Me pasó algo divertido, disfrutando de la temperatura deliciosa del agua se me acercó un señor y me dijo:

-Compa, como hay gente de otras provincias verdá?

No le respondí, solo atiné a sonreír. “Si él supiera, pensé.

Bayamo me dejó un agradable sabor (como otras veces). Ojalá en la próxima visita no cambie de opinión.

Noviembre 18, 2009

El sabor de las “esposas”

Archivado en: Cuba, Social — Dayán García La O @ 4:00 pm

Al leer el título puede pensarse en una feliz historia de amor. Sin embargo, se trata del capítulo más horrible de mi vida. Ahora pienso en ello y la impotencia o la frustración, o las dos juntas me relegan a algún lugar donde se unen al descrédito. Aún me arden los ojos por la pimienta, y no estaba cocinando, incluso tampoco se dirigió a mí el disparo del expectorante. Pero las gotas se confundieron con el aire y me rozaron las ganas. Cuando escribo intento olvidar el dolor de victima; no sé si pueda lograrlo.

Todo fue muy rápido. Casi media noche y la 222 se acercaba a la parada de 23 y F en el Vedado. Dejamos el pan con hamburguesa porque a esa hora no podíamos darnos semejante lujo: o la guagua o la comida… ganó el transporte. Téngase en cuenta el tiempo que demoran dos jóvenes atléticos en cruzar corriendo la céntrica avenida, y a escasos cinco metros del ómnibus tamaña desilusión nos envolvió: casi nos arrolla la 222 apremiada por un P9 que acosaba sigiloso. Dijeron después lo viajeros que la batalla por el pasaje (muy recurrente en nuestras calles sin que nadie haga algo para impedirlo) venía desde la Liga contra la Ceguera, amén de que fueran cerca de las 12 y pocas las personas que estuvieran en la calle. Me asombré también al comprobar que en la dotación de pasajeros estaba un policía, a pocos metros del conductor, en la puerta de la guagua.

Mi amigo gritó cosas ilegibles, rozó la vulgaridad. Tomamos el P9, semáforo por medio pudimos alcanzar frente al Coopelia al desmadra´o chofer. El de mi lado salió corriendo por miedo a un segundo desaire, yo lo seguía seguro. Un escalón,

—¿Usted es policía verdad?—, dijo al agente uniformado y espetó al del timón, —¡Tú eres tremendo SINGA´O! (en perfecto cubano)

Lo que vino después todos lo imaginan, ¿no? El que nació en Cuba responde a la agresión verbal con agresión física, el otro que recibe una agresión física brinda lo mismo, y el que acompaña al que da o al que recibe se suma a la fiesta.

En fin, un suboficial llegó a ayudar a su compañero, no hubo resistencia, sin embargo, el recién llegado no pudo soportar golpear el rostro de mi amigo, y utilizar ese maldito spray, solamente digno de un Hércules desenfrenado.

Pienso en el fenómeno MASIVIDAD y el riesgo que lleva consigo. Lo sufrimos en Cuba. Vamos a formar trabajadores Sociales: el 50 por ciento más uno (soy condescendiente porque mi único objetivo es demostrar la mayoría) no siente en su corazón el trabajo social. Vamos a formar enfermeros: allá va la masa y el 50 por ciento más uno son asesinos de la jeringuilla. Vamos a formar maestros emergentes: la misma proporción; y “el pueblo uniformado” no escapa a este flagelo. Muchos antípodas de la vocación humanista para la que fueron convocados

Quiero nuestras calles cuidadas, los geely rondando a todas horas, que me pidan el carnet 500 veces, que me multen con 30 pesos por alteración del orden público cuando lo merezca (como en este caso), pero detesto la falta de respeto, el abuso de poder, la falta de preparación, el “no escuchar”, las esposas apretadas inhumanamente a pesar del reclamo de dolor, como si fuera el peor de los bandidos.

Una experiencia terrible, vergüenza, humillación, son el precio de mi error, pero parece que los únicos que pagaron fuimos nosotros, y agentes como el referido siguen “custodiando” la ciudad para arremeter con la misma violación de protocolos contra delincuentes y contra otros.

—La guagua no se va de aquí porque no me sale de la p…—, resuenan en mis oídos las palabras del suboficial vociferadas agresivamente a los pasajeros.

No soy un extraño ser llegado de Júpiter, entiendo que son las fatales individualidades las que empañan la integridad de lo general. El día que mi pueblo (ese diamante en bruto de tantas victorias) vista un uniforme azul para abusar, no me va a quedar otra que mudarme para Saturno, aunque mejor no, porque allá pasan cosas extraterrestres. También aquí, la noche de aquel domingo.

Noviembre 4, 2009

Apuntes de un viaje II

Archivado en: Cuba — Dayán García La O @ 2:26 pm

Los Taínos y el “Varadero” de Holguín

Aquí estoy de nuevo, incitando al recuerdo o abriendo nuevos horizontes a los que no conocen. Ya les relaté las peculiaridades de mi último viaje al lejano Oriente. Hoy adelanto mi historia. Mi primera jornada en Holguín fue espectacular, más allá de lo confortable del hotelito de la Universidad Oscar Lucero y 08-05-09_1028 la cervecita Tínima de 8 pesos que nunca se agotó. Nunca pensé que eso del turismo nacional, o sea, el que pueden hacer los cubanos en SU Cuba, pudiera materializarse, amén de que en los centros destinados a ese fin los propios trabajadores impongan su barrera entre nacidos aquí y allá.

Llegábamos a casi 40 los participantes del plan vacacional para profesores universitarios. La school bus enderezó varias curvas, recorrió un centenar de lomas y el costero municipio de Banes asomó su mejor cara, la Playa de Guardalavaca, para muchos (no para mi alma matancera) el “Varadero” de esa provincia. La idea era bajar los chécheres del almuerzo y que los holguineros, cansados de su geografía y sus lugares de interés se quedaran al cuidado de los trastos para que un reducido grupo siguiera hasta la Aldea Taína y El Chorro de Maíta, único cementerio aborigen del Archipiélago cubano.

Las fotos están, emocionante ver los esqueletos de los pobladores de la Isla cuando llegó Colón, la explicación del guía (sí, había guía a pesar de que no había ningún turista entre nosotros), 08-05-09_1030 la posición fetal de los enterramientos de la época, el español (identificado por la estructura ósea diferente a los demás) y el cacique por los atuendos que acompañaban al cadáver. Seguidamente el recorrido por la Aldea Taína, la desnudez de las esculturas, los senos erectos 08-05-09_1032 de las indias ( esa mente morbosa mía) y el entender por qué los machos llevan una cinta alrededor de la cintura (para los que no lo saben con ella aseguran a su barriga cierto órgano de su cuerpo, menos mal que los esclavos africanos no la usaban porque entonces la cinta no estaría en la cintura). Ah, gané en un juego de participación, había que hacer un crucigrama de palabras taínas, la que descubrí fue “Pitahaya”, fruta de un tipo de cactus excelente para jugos caseros)

Después la compra de aguacates maduros a 3 pesos el ejemplar que en La Habana te cuesta 15 y el deleite ante las casas- palacios de la zona, me dijeron que eran de los trabajadores del Turismo, evidente…
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La playa Guardalavaca era un sitio acogedor, más bien pequeña, entre riscos levantados y plantas de mangle, el típico ranchón para los que tenían manilla, el baño para los que tenían manilla, el juego de ajedrez gigante para los que tenía manilla, el área de voleibol para los que tenían manilla, el plátano acuático, las tablas de vela, los catamaranes, el precio de la cerveza, incluso el agua potable, PARA LOS QUE TENÍAN MANILLA. Pero no se pasa mal cuando te procuras por tus propios medios todo lo 08-05-09_1227 anteriormente descrito como inalcanzable, entonces orinas en el agua, aunque a dos metros alguien este en una zambullida, hasta que el custodio por caridad deje pasar al menos a las más recatadas féminas al baño de los empleados. Después un chapuzón al regreso en el río Gibara, mas bien en un arroyuelo de poco caudal y al que acuden a refrescar mucha gente de la zona.

Esa fue mi primera jornada, espero que escriban si han estado en estos lugares, o si quisieran estar, o si otros lugares que hayan visitado merezcan un comentario, espero por su lucidez y su constancia, y quiero un Todo Incluido porque no me gusta ver los toros desde la barrera. Ya les contaré también.
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Octubre 28, 2009

Mi homenaje a “Camilo”

Archivado en: Cuba — Dayán García La O @ 10:43 pm

Hoy salía de Alamar rumbo a una reunión, venía apurado, la pereza había mellado mi puntualidad. Cerca de donde vivo hay una escuela primaria, en el camino tropecé con una hilera interminable de niños que flor en mano iban a la costa para recordar a Camilo Cienfuegos en el aniversario 50 de su desaparición física.

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Cuando era niño me encantaban las peregrinaciones en mi natal municipio de Martí, Matanzas. Era la oportunidad de ir a una empresa salinera, y ver un muelle repleto de barcos de pescadores, y alguna que otra embarcación militar del puesto de guardafronteras cercano.

Así, además de estar con amigos de otras escuelas, estaba un rato parado frente al mar, pensándome “marinero” (no crear falsas analogías con otros “marinero” ). En la actualidad no quedán más de diez barcos en el mencionado lugar, parece que la crisis económica internacional ha afectado duro la pesca deportiva.

Siempre supe que Camilo había desaparecido mientras volaba de Camagüey a La Habana, pero el tiempo hizo el hecho cada vez más increíble, ¿razones? muchas… No entiendo que no se haya encontrado un centímetro de la avioneta en la que viajaba, además de que en nuestra pequeña área geográfica los escapa´os radares y equipos de búsqueda rusos o de cualquier lugar, seguramente localizaban el botón que se le desprendió a Cristóbal Colón el día que bajó de una de las carabelas en Bariay (exagero).

Hoy vi a los pioneros y sentí nostalgia de aquellos tiempos en los que lanzaba mi flor (ahora también lo hago) pero extraño la ingenuidad con la que recordaba al “hombre de pueblo”, maldigo el misterio que ronda su desaparición y resumo la impresión de muchos años de flores lanzadas al mar como el mejor homenaje. El Señor de la Vanguardia las recibe, aunque floten sin rumbo.

Octubre 27, 2009

Apuntes para un viaje I

Archivado en: Uncategorized — Dayán García La O @ 1:29 pm

Amplias secuencias de imágenes aparecen cuando pienso en mi último viaje al lejano Oriente. Quiso el destino, en su inexplicable lucha, borrar distancias entre esta zona del país y yo. He cruzado en varias ocasiones la línea divisoria. Una vez Santiago de Cuba y el Pico Turquino, otra el softball de la prensa me llevó a Bayamo, también Holguín apareció a través del evento deportivo que justifica las borracheras entre los hombre del gremio y en la última oportunidad fue la misma razón que me impulsó hace dos meses a la aventura que quiero compartir.

Mi objetivo es describir lugares que quizás muchos han disfrutado, estimular el recuerdo, por aquello de que “recordar es volver a vivir”.

PD: Curiosidad: las tres veces que he estado en la ciudad de Holguín no he subido la Loma de La Cruz. Y eso es como ir a La Habana y no ver el Capitolio.

“Difícil Travesía o la Odisea”

Pensaba viajar en avión, pero mi abuela no tenía el sábado los venerables convertibles y tuve que esperar al lunes para que los retirara del banco. El martes al mediodía me esperaban en Holguín. En un arranque puro de aquellos que no tienen ni perritos ni gaticos dije: ¡Me voy por carretera! Y sin darme cuenta estaba en un almendrón hasta Colón, después otro animal de esa especie hasta la Ocho Vía y en ese momento comenzó la pelea encarnizada por enrumbar la barca en el mar bravío, y con Penélope esperando en la otra orilla.

Compré unas galletitas dulces de esas que no se sabe nunca de donde salieron. Mientras me rompía los dientes masticando los especimenes que semejaban golosinas, me detuve a mirar donde estaba, los por qué, los pero…

Si muchos han estado en el punto de recogida de Aguada de Pasajeros me darán la razón, el desolado lugar está adornado en la actualidad con una ultramoderna e ¿incomoda? caseta de fibrocemento, en el separador se alza una sombrilla donde los venerables amarillos dejan su alcancía y su portento físico. Aquí aparece un personaje digno de describir. Junto a los de traje amarillo había un inspector estatal de transporte, a juzgar por el uniforme que vestía, llevaba una bicicleta Forever de esas que salvaron a tantos durante el período especial y en los dientes todo el tesoro en oro del Sultán de Brunei… ¿un inspector estatal? Pues el señor, digo, los señores con tablilla en mano se aprovechaban con un descaro absoluto de la necesidad de viajar de varias decenas de personas que estábamos allí.

Paraban los carros de todo tipo, y de un precio oficial que ronda los tres pesos cubanos pedían hasta 100 pesos, cosa que el necesitado en un arranque de masoquismo “barato” pagaba sin chistar. Así pasaron las horas y el bolsillo engordaba más que la típica y risible alcancía que cargaban. El ritual era el mismo, el vehículo se estacionaba a unos metros de la gente, el chofer cruzaba unas palabras con los generosos inspectores (traduzco: oye, tanto pa ti, y otro tanto pa mí) y con hilarante parsimonia endosaba:
- 100 pesos a Las Tunas.

Y lo más jodido era su risa de Papá Noé, la mirada de héroe, de salvador. Así pasaron 8 horas, cero comida, cero agua. Menos mal que en momentos difíciles se multiplica la solidaridad del cubano y una señora me dio de su preciado líquido y yo le rompí los dientes con las galleticas que me quedaban.

Después de ese tiempo me monté en un ómnibus articulado, de los que sustituyeron a los camellos en La Habana con destino a Ciego de Ávila, 10 kilómetros después yacía semimuerto, yo entre marabú y marabú sin al menos aquello que creía el antro de la incomodidad pero que ahora añoraba con nostalgia: los bancos de fibrocemento del punto de recogida de Aguada de Pasajeros.

En el articulado viajaban alrededor de 50 personas, las que se desparramaron a lo largo de la carretera en una lucha bestial por la supervivencia, el pasaje y contra los mosquitos. A las 11 apareció una guagua hasta Sancti Spiritus, y ya había que montarse en lo que fuera que se acercara a un pueblo donde vendieran pan con timba. Habíamos creado un equipito en el viaje. Un guardia de Granma, y dos paisanos suyos que viajaban porque tenían un familiar enfermo, si no me falla la memoria eran de Güira, o lo que es lo mismo, de la punta de una loma.

Creo que ya estoy llenando cuartillas en esto de contar una travesía que es mejor olvidar, Sancti Spíritus, tanque lleno de pan con jamón y refresco, guagua hasta Ciego de Ávila y en la zona de la piña ocurrió algo increíble. Cerca de 5 millones de cubanos en la Terminal, imposible la lista de espera, ya me había quedado solo así que estaba desechada la idea de ir para la carretera central, llegaron y se fueron varias guaguas y pude observar a un tipo, de esos tan sui géneris que sabes a primera vista que no son ni pasajero, ni chofer, y que ocupan largas horas de sueño en eso que llaman “la lucha”. Al abordar al tipo en cuestión no pudo decir otra cosa que:
- ¿Asere tú eres guardia o que?- Y mi pobre cara de desamparo, suciedad y desesperación lo convenció.
- Ahora sale el Santiago de Cuba, te sirve hasta Las Tunas, pero tienes que darme tu camisa.
La Difunta Camisa

La camisa ( la foto es la última del ejemplar, en el punto de recogida de Aguada de Pasajeros) era más que una reliquia museable, fue la primera prenda de vestir que mi mamá me mandó deVenezuela cuando comenzó su misión hace más de tres años, de ahí el valor agregado. No lo pensé ni media vez, fui a un rincón, saqué pulóver, y esperé el llamado. Salimos caminando y como por arte de magia la guagua de Santiago paró a mi lado, abrió sus puertas y un cómodo asiento me acogió solo por el precio del pasaje y una camisa de menos en el maletín. Después todo fue fácil, en Las Tunas sobraban los carros para Holguín, un largo viaje entre lomas y llegué a mi destino. No había pegado un ojo en 24 horas, además de la incertidumbre, esa que mata. Los que han tenido la oportunidad de un viaje al Oriente en “botella” sabrán que no es de Wiskhy, ni de Havana Club, posiblemente sea el envase de ¿cloro? que venden en el barrio, pero ya eso lo dejo para otro post.

Octubre 5, 2009

Nosotros, los de entonces, somos los mismos.

Archivado en: Uncategorized — Dayán García La O @ 6:24 pm

[*] Sobre una idea de Pablo Neruda

Nos reunimos, después de tantos esfuerzos infructuosos. Solo unos pocos respondieron al llamado de Joanna, la Pérez, pero eso bastó, no hizo falta la multitud para recordar, adelantar, profetizar y/o soñar sobre lo que ha significado todo un año de trabajo. ¡Duro! Quedamos en vernos en el Bodegón de Theodoro, local que por problema generacional no pudimos degustar a plenitud como estudiantes. El retraso propio del cubano, ese que no puede faltar, y las tropas amainadas cuantitativamente eran un preámbulo de un aburrimiento multiplicado, mas, junto al sentimiento de tiempo perdido que todos experimentamos al principio coexistía el saber que habían tantas cosas que decir y escuchar.
Botella de ron, inseparable compañera de la nostalgia, un parque cualquiera (el más cercano) y una invitación a la dama de oro del Periodismo: La Muela. En minutos habíamos “descuerado” a media aula, analizado las capacidades lingüísticas del que llegó a JEFE,         los planes de viaje… al interior del país, y las interioridades de cada compañero de trabajo. Especial atención acapararon los “explotes” en el gremio (entiéndase como proceso de desaparición física y/o mental de aquellos que juegan con candela, o sea la pirotecnia, condición necesaria para la dinamita, BOOM, ¿ya?).
Estuvimos juntos algo más de dos horas, o sea, el tiempo necesario para que la botella quedara como perfecta anoréxica. Desandamos esa tarde-noche la relación de Ailín con el arte (¿algo nuevo?), las historias deportivas de Anelí, la adicción al Mediterráneo de Amelia, y hasta mi proyecto de integración latinoamericana. Ary, quien en un arranque de dependencia llevó al jevito (aclaro que me cae muy bien el chama), tuvo que soportar el recuerdo del Turquino Eterno, cuando el que no vio a Martí la veía a ella perfectamente. Mayle, semidependiente, llegó con  unos amigos y como por arte de magia apareció su media naranja, quien entre risas logró en menos de 5 minutos recoger a su mitad de cítrico. Joa, organizadora principal del encuentro, dependió de su estrés periodístico, de sus sueños y frustraciones. En fin, fue reconfortante dedicar un tiempo al pasado-presente, gracias a los que respondieron al llamado, gracias a aquellos que no fueron porque así hubo más ron, y gracias a ese reloj que no para de regalarnos un pretérito. Así es la vida.
PD. Quedo debiendo una buena imagen, fue lo que alcancé a tomar con mi celular. Hasta la próxima.

Septiembre 23, 2009

¿Convencida?… por el disfraz de la mentira

Archivado en: Uncategorized — Dayán García La O @ 6:22 pm

Por Alisil González Quijada

El pasado domingo 20 de septiembre a pesar de todos mis temores y prejuicios, me descubrí totalmente enganchada, conmocionada, conmovida y extasiada, disfrutando entregada a aquello que aunque mis ojos veían por la señal abierta de Tves, parecía mentira. Ya hoy es miércoles 23, ya no tengo en la pantalla a Yotuel sin camisa, ya no veo las lágrimas de la Tañón y ya no tengo el hermoso espectáculo del público cubano derrochando alegría (la mas hermosas de las imágenes que esa tarde vi), por tanto considero, sin ánimos de ser agua fiestas, que es la hora de ver las cosas desde otro punto de vista diferentes a lo inmediatamente sensible.
Como ya quedé en evidencia lo digo aquí sin tapujos: ME CONVENCIERON…lo que no sabía es que iba a tardar tan poco tiempo convencida (creo que queda nuevamente fe de mi problema de constancia, pero soy géminis y eso no es mi culpa), y ahora en mi confundida cabeza empiezan a aparecerse una serie de preguntas: ¿Cuántas cosa terribles se han hecho en nombre de la paz?, ¿Puedo compartir lo que Juanes entiende por paz? o mejor dicho: ¿le interesa realmente a Juanes algo relacionado con la paz, con la justicia y la igualdad?, discúlpenme pero no se puede borrar de mi cabeza las imágenes de este señor junto a otros artistas (por cierto la mayoría pertenecientes a Universal Music) cuando a principios de este mismo año se lanzó la aventura de un concierto del mismo nombre al presentado en mi querida Habana en la frontera colombo-venezolana, concierto en el cual dicho personaje no perdió oportunidad de dar a conocer la sublime y gran admiración que siente hacia Álvaro Uribe.
He aquí la respuesta a una de las preguntas, y esa respuesta es NO!, no hablamos de lo mismo Juanes. ¿Es que acaso se nos olvida que existen miles maneras de penetración?, ¿es que se nos olvida que no solo se hace guerra a fuerza de balas y bombas? ¿Acaso no hemos tenido suficiente con la influencia que a nivel mundial los medios masivos de comunicación han tenido en su miserable misión de imponer la supremacía de los que ostentan el poder? No me lo perdonaría señores, no me perdonaría el aplaudir pasivamente dicho espectáculo y descubrir después que desde la heroica Plaza de la Revolución, frente a la inmortal imagen del Che, sobre el sagrado suelo donde descansan innumerables combatientes y frente al glorioso pueblo cubano se llevó a cabo otro circo más en función de los fines mas individualistas y miserables a favor del nefasto MERCADO por medio de la cómplice INDUSTRIA DE LA MÚSICA.
Recuerdo a Olga Tañón hablando de los tiempos de cambio y la necesidad de “vencer el miedo” y me asusto, recuerdo a Juanes gritando “viva Cuba Libre” y me da miedo, recuerdo la letra interpretada a dúo por Juanes y Bosé “quiero una isla en el medio del mar para llamarla libertad” y me cuesta hasta pensar, pero al cabo solo me toca decir tal cual cantaba otro protagonista de dicho acontecimiento, el querido Carlos Varela, “No se que va a pasar si la mentira se disfraza de verdad”.

Septiembre 22, 2009

¡¡Me convencieron, Coño!!

Archivado en: Uncategorized — Dayán García La O @ 10:04 pm

(Nacido de una idea de Alisil González)

Pasó el concierto, no estuve en la Plaza y aún me queda el sabor amargo del arrepentimiento. Me quedé con ganas de hacer historia, porque eso precisamente pude ver a través de la pantalla de mi televisor que hacían mis paisanos.
De nada sirvieron los bailes improvisados en mi sala, los gritos que seguramente fueron escuchados en el Vedado o el tarareo de alguna que otra canción conocida; solo consumía mi vista aquella desventura de no protagonizar un momento como ese.
No solo Juanes y Olga Tañón, figuras mediáticas indiscutibles, ni las demás BESTIAS que participaron en Paz Sin Fronteras II, merecen el SHOW de la prensa, también el respetable tiene su lugar de honor. Que sea esta una oda al público cubano, a esas un millón 150 mil ganas que le pusieron al proyecto, a esa intranquilidad propia de los latinos, a esos empujones bendecidos, a esas sandalias perdidas en tiempos en que calzarse es toda una odisea (tanto como atrapar el sombrero de la mujer de fuego lanzado al aire o ir a un baño en pleno megaconcierto).
La gente respondió, MI GENTE estuvo ahí para decirme que soy un flojo, que no estuve en la vanguardia, que elegí la comodidad de un día de casa antes de estar a la altura de mi tiempo, tiempo de apertura, diálogo y paz en una tarde de domingo espléndida. ¿Quién ha visto un negro con miedo a una buena soleada? Pues sí, así quedé, rezongando y bailando sin descanso. Bien Jovanotti, Bien Orishas, Bien TODOS, ¿QUE TODOS? BIEN VAN VAN.
Concierto disfrutado al máximo. La imagen imperial de la Tañón machucando cada parte de mi virilidad y los celos inocentes cuando descubrí a mi media naranja extasiada con el portento físico de Yotuel. Ahora recuerdo y entiendo a la amiga racista que pregona que si algún día un negro… pues ese CARAJO. (Y SOY HOMBRE PROBADO, JEJE)
Siempre ese público mío, ñooooooooooooo, ñoooooooooooooooo, y después las lágrimas de paz y amor de la Olga, sí, esa misma que vive en Orlando, EE.UU, sí, esa misma que dijo que este era el viaje más importante de su vida. Yo era uno de esos escépticos antes de las 2 de la tarde del domingo, pero entre lamentaciones- emociones solo pude decir cinco horas después: ¡¡Me convencieron, Coño!!

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